Guillermo Castro H.
A lo largo de los últimos 500 años, el territorio del Istmo de Panamá ha conocido tres modalidades distintas de organización. Antes de la conquista europea, los principales grupos humanos en el Istmo habían establecido corredores interoceánicos que les permitían tener acceso a los recursos de ecosistemas muy diversos. Así ocurrió en el Darién, en el corredor que llevaba de Mulatupo a la divisoria de aguas entre las cuencas de los ríos Chucunaque y Tuira; en la región Central, vinculada al Atlántico a través del corredor de La Pintada, y en Occidente, por la ruta que hoy ocupa la carretera transístmica que comunica a Gualaca con Chiriquí Grande, por mencionar los más conocidos.
A partir del siglo XVI, los conquistadores europeos establecieron un monopolio del tránsito por la ruta del valle del Chagres. Esa nueva organización del territorio incluyó además el cierre de las fronteras interiores con el Atlántico y Darién, complementado con un corredor agroganadero a lo largo del litoral Pacífico Centro-Occidental. El Istmo quedo así incorporado a la nueva realidad de un mercado mundial del cual aún forma parte. Esto generó una contradicción de largo plazo entre la organización natural del territorio y la organización territorial de la economía y el Estado, que alcanzó grados extremos en el siglo XX, con la construcción del Canal y su Zona.
Hoy está en curso una tercera modalidad de organización, que recupera de manera casi espontánea los viejos corredores originales y busca complementarlos con el desarrollo de puertos en Chiriquí y Coclé que permitan aprovechar la ventaja competitiva de la interoceanidad del Istmo. Con ello, además, se busca ampliar los servicios de conectividad que puede ofrecer Panamá a las economías de Centro y Sur América, que vienen estableciendo vínculos de creciente importancia entre sí.
En Coclé, está pendiente modernizar el puerto de Aguadulce para constituirlo en la terminal del Pacífico de un canal seco que lo conecte con la ciudad de Colón a través del puente sobre el Canal en esa vertiente del Istmo. En Chiriquí, está en curso la construcción del puerto que servirá de terminal en el Pacífico de la Transístmica de Occidente, que va de Gualaca a Chiriquí Grande.
Ambos puertos deberán trabajar con ecosistemas de manglar, y nunca contra ellos, pues esos ecosistemas los protegerán de eventos climáticos extremos y preservarán la biodiversidad marino-costera de su entorno. Esto constituirá una innovación en Panamá, donde los manglares enfrentan desde mediados del siglo XX una amenaza constante de desarrollos urbanos, turísticos y agropecuarios, y de actividades extractivas.
Con ello, quedará pendiente habilitar el puerto de Almirante, en Bocas del Toro, para establecer una ruta de cabotaje con Colón, y establecer un verdadero puerto de cabotaje en Darién, que facilite su integración al resto del país y reduzca la presión sobre sus ecosistemas interiores. Mucho por hacer, pero el proceso ya está en curso. En estas cosas, Panamá avanza hacia el futuro recuperando lo mejor de su historia profunda.
Alto Boquete, Panamá, 21 de marzo de 2025


