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Guillermo Castro H.

Un reciente artículo del Director General de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) resalta la importancia de los bosques para la agricultura. * “Nuestros bosques”, nos dice, “sustentan a miles de millones de personas y a la biodiversidad al ofrecer desde alimentos silvestres hasta agua dulce, desde cobijo hasta energía.”

Los bosques, en efecto, “proporcionan un hábitat a los polinizadores y albergan la mayor parte de la biodiversidad terrestre del mundo, necesaria tanto para aumentar la producción de alimentos como para mejorar la sostenibilidad.” Además, “nutren los suelos, regulan la temperatura y ofrecen sustento y sombra al ganado. Pueden actuar como barreras naturales contra el viento para los cultivos y suministrar agua dulce a más del 85 % de las grandes ciudades del mundo”.

Así, los bosques son fundamentales para transformar los sistemas agroalimentarios mundiales y hacerlos “más eficientes, más inclusivos, más resilientes y más sostenibles.” Sin embargo, está en curso una alarmante pérdida de bosques “debido a la deforestación y la degradación de la tierra.” Por ejemplo, entre 2015 y 2020 “se perdieron unos 10 millones de hectáreas de bosques al año,” mientras “la intensificación de los incendios forestales y los brotes de plagas amenazan aún más estos valiosos ecosistemas.” Y a esto se añade la necesidad de restaurar “más de 2.000 millones de hectáreas de tierras que se calcula que están degradadas en todo el mundo.”

Al respecto, unos 1,500 millones de esas hectáreas “son aptas para restaurarse en mosaico, es decir, combinando los bosques y los árboles con la agricultura.” Y otros 1.000 millones dedicadas al cultivo en terrenos que antes eran forestales “se beneficiarían de la incorporación estratégica de árboles que enriquezcan tanto la productividad agrícola como los servicios ecosistémicos.” Por otra parte, la agroforestería y los sistemas silvopastoriles pueden “mejorar los ecosistemas, aumentar la resiliencia de los cultivos, restaurar las tierras degradadas y mejorar la producción y la diversidad de los alimentos, así como aumentar los ingresos de los agricultores.”

En breve, en la situación actual coexisten el problema y sus alternativas de solución. Con ello, se hace evidente que no estamos ante un problema ecológico, sino uno de ecología política. La situación, en efecto, “exige cambios normativos que reflejen la interdependencia de la agricultura y los bosques”, pero si bien muchos países han empezado a integrar la agroforestería en sus planes nacionales de acción por el clima, “necesitamos un compromiso más amplio con políticas que consideren a los bosques esenciales para la seguridad alimentaria y la diversidad de los alimentos.” Y esto incluye que el sector privado “se comprometa con la “deforestación cero” en las cadenas de valor agrícolas, y que se garantice que esos compromisos se traduzcan en medidas cuantificables.”

Sabemos a dónde ir. Está pendiente encontrar el camino.

Alto Boquete, Panamá, 10 de abril de 2025


* “Los almacenes y la red de protección de la naturaleza: cómo ayudan los bosques” https://www.laestrella.com.pa/autor/-/meta/qu-dongyu