Guillermo Castro H.
El biogeoquímico Vladimir Vernadsky nació en la Ucrania zarista en 1863, y murió en la Rusia soviética, en 1945. Su vida transcurrió en un periodo histórico convulso, que comprendió dos guerras mundiales y dos grandes procesos revolucionarios en su tierra natal, entre 1905 y 1907, y entre 1917 y 1924 el que condujo a la creación de la Unión Soviética. En el plano científico-cultural, su labor científica tuvo lugar en el ciclo que fue de la publicación de El Origen de las Especies, de Charles Darwin, en 1859, y la del primer tomo de El Capital, de Carlos Marx, en 1867, a la conferencia inaugural pronunciada por Carl Sauer en el Simposio Internacional sobre El Papel del Hombre en la Transformación de la Faz de la Tierra, en 1956.
Ese ciclo nos legó otros aportes. Así, en 1875 Eduard Suess propuso un primer concepto de biosfera, como el ámbito del planeta en que es posible la existencia de la vida. A partir de allí, Vernadsky definiría a la biosfera en la década de 1920 como el ámbito del planeta en el que la materia viviente genera las condiciones que hacen posible la vida en la Tierra, y el aporte de la materia así formada en las transformaciones de la corteza terrestre.
Para la década de 1930, Vernadsky desarrolló el concepto de noosfera. Este designa el proceso de transformación de la biosfera por la actividad productiva de los humanos, en particular a partir de su dominio del fuego, a lo largo de al menos dos millones de años, dentro de una biosfera cuyo desarrollo abarca unos 3500 millones de años.
En vida de Vernadsky, su obra permaneció enclaustrada dentro de la cultura rusa. Tras la Guerra Fría, la creciente preocupación generada por la crisis ambiental global renovó el interés por la obra de pioneros como él en el tratamiento de las relaciones entre los humanos y sus entornos naturales. Dentro de ese legado, la biosfera y la noosfera vinieron a ser entendidas como equivalentes a la naturaleza y el ambiente.
Esto facilita entender el alcance de lo planteado por Vernadsky en 1945, al decir que la noosfera era “un nuevo fenómeno geológico de nuestro planeta”, en cuyo marco el “hombre, por primera vez”, se convierte en la más grande fuerza geológica. Así, el humano, “con su trabajo y su pensamiento”
puede y debe reconstruir su propia vida, reconstruirla radicalmente con respecto al pasado. […] La Noosfera es la condición actual de la biosfera, la última, en la historia geológica, de las muchas condiciones de su evolución.
Se insiste mucho en la necesidad de un diálogo entre las ciencias naturales, las ciencias sociales y las Humanidades que permita sustentar el desarrollo de un nuevo pensamiento ambiental. Los conceptos de biosfera y noosfera, y el vínculo entre ambos, abren nuevas posibilidades en este camino. Con ello, demuestran – una vez más – que una verdad, puesta en movimiento, sigue avanzando hasta que deja de serlo.


