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Carl O. Sauer

Guillermo Castro H.

El geógrafo norteamericano Carl Ortwin Sauer (1889 – 1975) fue uno de los fundadores de la moderna geografía humana. Obtuvo su doctorado en la Universidad de Chicago en 1915, y fue profesor de geografía en la Universidad de California en Berkeley desde 1923.

La labor de investigación de Sauer, vinculada a los problemas asociados a la interacción entre los humanos y sus entornos naturales, hizo de él un referente indispensable en la formación del concepto de ambiente y de la preocupación por la sostenibilidad del desarrollo de nuestra especie. Así expresa, por ejemplo, su conferencia “La gestión del hombre en la Tierra”, presentada en 1956.

Allí señaló que ya era necesario “entender mejor cómo el hombre ha alterado y desplazado más y más del mundo orgánico, se ha convertido en el dominante ecológico de más y más regiones, y ha afectado el curso de la evolución orgánica”, y “cómo ha cambiado las superficies del terreno, el suelo y las aguas sobre la tierra, y cómo ha extraído sus minerales,” para “considerar de manera adecuada” la medida en que la acción humana podría afectar el bienestar futuro de nuestra especie.

Como nativo del siglo XIX, dijo, había sido “un testigo a la vez asombrado y preocupado del cambio de ritmo que se inició con la Primera Guerra Mundial, recibió un impulso adicional en la Segunda, y aún sigue en proceso de aceleración.” Y añadía

La preocupación de la parte inicial del siglo era que no fuésemos capaces de hacer un uso frugal de nuestros recursos naturales; eso ha cedido a la fácil confianza en las capacidades del avance tecnológico ilimitado. Los científicos de la naturaleza eran, y quizás lo sean aún, de mentalidad orientada a la conservación; los científicos físicos y los ingenieros de hoy son a menudo del linaje de Dédalo, dedicados a inventar reorganizaciones cada vez más asombrosas de la materia y por tanto, lo deseen o no, de las instituciones sociales.

Y se preguntaba:

¿Son nuestros poderes de transformación del mundo recién descubiertos, tan exitosos en el corto plazo, adecuados y sabios más allá de la responsabilidad de quienes viven hoy? ¿Con qué propósito estamos comprometiendo al mundo a un ritmo creciente de cambio? […] En lo fundamental, hemos estado aprendiendo cómo agotar con mayor rapidez los recursos accesibles que conocemos. ¿No debemos admitir que mucho de lo que llamamos producción es extracción?

Eso resultaba aún más grave cuando “recomendamos al mundo un plano de lo que funciona bien con nosotros en el momento, sin atender a que podemos estar destruyendo sistemas nativos de vida con la tierra sabios y duraderos.” Ante esa situación, y en presencia de lo más granado de la intelectualidad liberal humanista de su tiempo, concluyó diciendo que nada era más necesario que contar con “una ética y una estética bajo las cuales el hombre, al practicar las cualidades de prudencia y moderación, pueda en efecto legar a la posteridad una buena Tierra.” Fue, sin duda, nuestro contemporáneo.